Un poco sobre mí

  Nací en Illora (Granada) en 1960 y pasé mis cinco primeros años entre lomas y cereal, más allá de la cumbre. Soy del campo. Vengo de ciertos lugares que nunca habité: la Solana, el Barranco y el Espinar. Hijo de Francisco y Paquita. Pero viví en Madrid durante muchos años, y allí habité el tiempo más hermoso.


Colaboré con el Colectivo de escritores Patrañas. Ocurrió que con cerca de cincuenta años ellos quisieron publicarme La extensión, un poemario que es utopía de un espacio interior que la gran ciudad no parece que favorezca.


Me trasladé a Navarra y entonces la escritura pierde aristas y se aquieta hasta reposar dentro, hecha memoria en el paisaje. Recuerdo así la etapa de Callar en la mirada, publicado en 2014.
En ese poemario, Callar en la mirada, estaba el hilo del que sin darme cuenta he tirado para escribir Lana de voz:

“Ahora suena el viento en los barrancos esta noche de frío en las eras, de distancia entre dos miradas, de enorme distancia entre dos miradas muy antiguas. El recuerdo miente, pero no al niño. El recuerdo vacío nunca miente al niño que mira sin ninguna palabra posible. Él se queda quieto frente los muros, muy atento,
rozando las grietas con sus manos pequeñas de hijo del octavo b, aprendiendo a rescatar el aroma, la vieja lana, la débil lumbre que le pertenece.”


Yo siento cómo con estos poemas recobro calidez bajo la especie de una voz tejida en la escucha. En el gesto largo de la escucha nace la voz. De tal manera que lo que brota lo hace sin peso, sin intención. La memoria se adelgaza y se deshace en ternura, y suena un murmullo de lana cuyo rastro se alarga entre lomas más allá de la cumbre y más allá aún de 1960.