Contingencia, según Agamben y Melville

Escribe Agamben, citando a su vez a Benjamin:
“Benjamin expresaba en cierta ocasión la clase de redención que encomendaba a la memoria a modo de una experiencia teológica que el recuerdo hace con el pasado.
Lo que ha sido establecido por la ciencia, escribe, puede ser modificado por el recuerdo. El recuerdo puede hacer de lo incumplido (la felicidad) algo cumplido, y de lo cumplido (el dolor) algo incumplido. Esto es teología, pero es que, mediante el recuerdo, hacemos una experiencia que nos impide concebir la historia de un modo ateológico, al mismo tiempo que nos impide absolutamente escribirla con conceptos teológicos.
El recuerdo restituye al pasado la posibilidad, dejando irrealizado lo
ocurrido y realizado lo que no ha ocurrido. El recuerdo no es ni lo
ocurrido ni lo no ocurrido, sino su potenciamiento, su volver a ser
posible. Bartleby cuestiona el pasado de esa manera: lo reclama. No
simplemente para redimir aquello que ha sido, para hacerlo ser de
nuevo, sino para reconducirlo a la potencia, a la indiferente verdad
de la tautología. El
preferiría no hacerlo es la restitutio in integrum
de la posibilidad, que la mantiene a mitad de camino entre el acaecer
y el no acaecer, entre el poder ser y el poder no ser. Es el recuerdo
de lo que no ha sucedido”
Sabemos, nosotros habitamos la necesidad inculcada de alcanzar el mejor de los destinos posibles, algo que es por lo menos fariseo, como dice
Agamben, pero que realmente es cruel. Esa es la fina crueldad que
atraviesa nuestro mundo. Bartleby reclama la potencia del no, o sea
la im-potencia. Bartleby reclama la memoria de todas esas cartas que
nunca llegaron a su destino. Él no redime el pasado como un nuevo
Mesías, él redime lo que no ha pasado.