La fragilidad

El anterior recorte, de poco más de un minuto, pertenece a una entrevista realizada en RNE. Se trata de la  profesora de biología de la Universidad de Salamanca Conchi Lillo, doctora en neurociencia y experta en temas de la visión. La traigo aquí porque muestra de una manera sencilla, pero eficaz, una significativa evolución de la ciencia en cuanto al concepto de realidad.

Para Newton, los colores eran algo así como franjas de la luz, y la realidad percibida por nuestros sentidos algo exterior a nosotros. Hoy en día la ciencia, desde la biología a la física cuántica, nos muestra una realidad «construida» por nuestros sentidos, a partir de la incesante vibración de la materia.

Parece ser que esa materia vibratoria de ahí fuera contiene todas las posibilidades, hasta que se pone delante un observador. Según experimentos de laboratorio, solamente ante un observador se decide una de aquellas múltiples posibilidades. La realidad última de lo que conocemos, más que un fenómeno consistente y exterior, quizás tenga un sesgo muy importante de «construcción».  Sin embargo, aquella consistencia del mundo exterior, arraigada en nuestra percepción, no se va a quebrar con argumentos ni experimentos de laboratorio.

Quizás necesitamos algo más que ciencia para eso de «cambiar la vida», que dijo Rimbaud.

Podría parecer que tampoco tiene demasiada importancia: estén afuera los colores, o se construyan en la mirada, ¿qué importancia puede tener eso para «cambiar la vida»?

La realidad parece una abertura. Parece una mirada abierta en la materia vibratoria del universo. En un extremo de esa mirada, un perceptor temeroso oculta su fragilidad. No la acepta: se ha desconectado de su propia vibración vulnerable, por miedo a desaparecer. El perceptor que somos cada uno se protege bajo el manto de tantas palabras acumuladas que parecen informar, proteger, delimitar un espacio de seguridad. 

La palabra del poema a veces toca la fragilidad. Mira ahí, en la abertura de lo vulnerable, quizá para recuperar cierto temblor, cierta conexión con el fluir continuo de lo vibratorio, afuera, pero también adentro. 

Quizás «cambiar» la vida tenga mucho  que ver con «sentir» la vida: su fragilidad.